Nadie sabe realmente si va por el camino correcto

Sobre avanzar sin certezas y entenderlo todo más tarde

s4vitar

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22 de enero de 2026 · 2 min de lectura

Muchas veces me preguntan qué camino seguir. Qué ruta tomar. Cuál es la ideal. Como si existiera una respuesta correcta y en función de lo que yo diga, eso fuera a funcionar al cien por cien. Como si alguien pudiera darte una especie de fórmula que, aplicada tal cual, te garantizara que vas a acertar.

Y la realidad es bastante menos tranquilizadora.

Si algo he aprendido con el tiempo es que casi nadie sabe realmente si va por el camino correcto mientras lo está recorriendo. Ni yo lo sabía entonces, ni lo sé ahora del todo. Lo que suele haber no es certeza, sino intuición. Curiosidad. A veces necesidad. Y muchas decisiones tomadas sin demasiada seguridad, pero con la sensación de que no hacer nada era peor.

Cuando miras las trayectorias desde fuera todo parece mucho más ordenado de lo que fue. Ves el punto de partida y ves dónde está alguien ahora, pero no ves el desorden intermedio. No ves las dudas, los cambios de rumbo, los momentos de pensar que igual te estabas equivocando del todo.

En mi caso, si echo la vista atrás, no recuerdo haber seguido un plan claro. Recuerdo probar cosas, insistir en algunas, abandonar otras, volver a empezar. Recuerdo avanzar muchas veces sin ninguna confirmación externa de que aquello tuviera sentido. Sin métricas claras. Sin señales. Solo con la sensación de que, al menos, estaba aprendiendo algo.

Creo que nos tranquiliza pensar que hay una ruta correcta porque nos quita responsabilidad. Si alguien nos dice qué hacer y falla, la culpa no es nuestra. Pero el camino real suele ser bastante más incómodo. Lo construyes mientras lo recorres. Y normalmente solo entiendes por qué estabas ahí cuando ya has pasado de largo.

Muchas veces nos comparamos con personas que parecen saber exactamente lo que están haciendo. Pero lo que vemos es una versión muy filtrada. La historia contada después, cuando ya todo tiene sentido y no cuando estaba lleno de dudas.

No digo esto para desanimar a nadie. Al contrario. Creo que asumir que no hay garantías quita una presión enorme de encima. No tienes que acertar a la primera. No tienes que tenerlo todo claro. Tienes que moverte, aprender y ajustar. Repetir ese proceso más veces de las que te gustaría.

Si estás esperando a sentirte seguro antes de avanzar, probablemente no avances nunca. La seguridad suele llegar después, cuando ya has caminado lo suficiente como para mirar atrás y unir los puntos.

Así que si alguna vez te preguntas si vas por el camino correcto, lo más honesto es asumir que no lo sabes. Y está bien. Casi nadie lo sabe. Lo importante no es elegir la ruta perfecta, sino no quedarte parado esperando una señal que, en la mayoría de los casos, no llega.

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