La obsesión por las certificaciones

Cuando el título importa más que aprender de verdad

s4vitar

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8 de febrero de 2026 · 3 min de lectura

Hay una pregunta que se repite mucho. Gente que me escribe para saber si mis cursos están homologados, si tienen validez oficial o si sirven para “el mundo laboral”. Y entiendo de dónde viene la duda, no es una pregunta absurda. El problema aparece cuando esa es la única preocupación.

Se ha generado una obsesión bastante clara con las certificaciones. Con acumular títulos, diplomas, sellos y logotipos. Como si el objetivo principal de formarse fuera poder enseñar un papel al final del camino. Y eso, desde mi punto de vista, es empezar al revés.

Lo que deberías perseguir primero no es una certificación. Es aprender. Aprender bien. Aprender de verdad. Elegir contenido de calidad que te obligue a pensar, a investigar, a equivocarte, a desarrollar criterio propio. Porque sin eso, cualquier certificado es solo un adorno.

Las certificaciones pueden tener su lugar. Pueden ayudarte a abrir alguna puerta, a pasar un filtro inicial, a optar a ciertos procesos de selección. Eso es verdad. Pero no garantizan absolutamente nada. Puedes tener todas las certificaciones del mundo y aun así no conseguir trabajo. Porque el acceso al mercado laboral depende de muchos factores que no controlas del todo. El momento, la empresa, el entrevistador, el encaje, la competencia, la suerte incluso.

Y aun así, veo a mucha gente obsesionada únicamente con aquello que “abre puertas”. Da igual si el contenido es mediocre, si no aprendes nada práctico o si sales sin saber enfrentarte a un problema real. Lo importante parece ser poder decir que tienes el certificado. Eso dice mucho del criterio con el que se está eligiendo cómo formarse.

Buscar solo el papel es una forma muy pobre de aprender. Y además suele salir caro. Cursos de miles de euros que se hacen deprisa, siguiendo un temario cerrado, con ejercicios guiados y un examen final que solo valida que has memorizado lo justo para aprobar. Terminas, cuelgas el título en LinkedIn y sigues igual que antes, solo que con menos dinero y una falsa sensación de avance.

Aprender de verdad es otra cosa. Renta mucho más formarte con alguien que te enseñe a pensar, a investigar por tu cuenta, a entender cómo funcionan las cosas por debajo. Alguien que no te dé todas las respuestas, que no te lleve de la mano todo el rato, que te obligue a desarrollar criterio. Eso no siempre viene con un sello oficial, pero es lo que marca la diferencia a largo plazo.

Las certificaciones no desaparecen. No se van a ir. Siempre tendrás tiempo para sacártelas después, cuando ya tengas una base sólida. Cuando entiendas lo que estás estudiando y no solo lo repitas. En ese punto, una certificación suma. Antes de eso, muchas veces solo distrae.

El problema no es querer trabajar en el sector. El problema es creer que el camino pasa únicamente por coleccionar títulos. Aprender debería ser el objetivo. Todo lo demás viene después, o no viene. Y eso, por incómodo que sea asumirlo, forma parte del juego.

Si priorizas el papel sobre el conocimiento, acabarás con papeles. Si priorizas aprender de verdad, las oportunidades llegarán antes o después. No siempre cuando quieres, no siempre como esperas, pero con muchas más posibilidades de sostenerse en el tiempo.

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