El día que no supe responder quién era
Sobre perder el timón, buscar ingredientes y entender las etapas
s4vitar
27 de enero de 2026 · 4 min de lectura
Hubo una etapa en la que, desde fuera, parecía que todo iba bien. Había conseguido cosas que durante mucho tiempo habían sido objetivos claros. Metas que, en teoría, daban estabilidad, dirección y cierta tranquilidad. Pero por dentro la sensación era distinta.
Vinieron muchas cosas de golpe. Cambios, decisiones, movimiento constante. Y en medio de todo eso empecé a notar algo incómodo. Ya no tenía del todo claro qué quería hacer después. No porque me faltaran opciones, sino porque había perdido la sensación de estar llevando el timón. Sentía que el barco avanzaba, sí, pero medio a la deriva. Dejándome llevar. Cumpliendo con lo que tocaba sin tener la verdadera sensación de control sobre mi vida.
En ese contexto quedé con un buen amigo (Pablo André). De esas charlas largas, sin prisas, que empiezan hablando de cualquier cosa y acaban tocando temas que normalmente evitas. En un momento dado me lanzó una pregunta muy simple, casi absurda.
—¿Quién eres?
Respondí rápido. Con lo primero que me salió. Me dijo que no. Que eso no era yo. Volvió a preguntarlo. Di otra respuesta. Otra vez no. Y así varias veces. Cada vez que intentaba definirme a través de lo que hacía, de lo que había conseguido o de lo que representaba hacia fuera, me lo negaba.
Me obligó a ir quitando capas. A dejar de apoyarme en etiquetas cómodas. A indagar más adentro, donde ya no es tan fácil responder.
Al final, cuando ya no sabía muy bien qué decir, me dio una respuesta que no me esperaba en absoluto.
Me dijo que tanto yo como cualquiera somos, en el fondo, alquimistas. Elaboradores de pociones. Personas que, con las manos y la cabeza, somos capaces de construir cosas. De crear. De transformar. Para ello necesitamos ingredientes y destreza. Experiencia, tiempo, errores, contexto.
El problema, me dijo, no es dejar de saber hacer cosas. El problema es quedarte sin ingredientes. O no tener los adecuados para la poción que quieres elaborar en ese momento de tu vida. Y cuando eso pasa, no avanzas. No porque hayas perdido capacidad, sino porque estás intentando crear algo sin los elementos necesarios.
La solución no es forzar la poción. Es volver a buscar ingredientes. Incluso aceptar que quizá las próximas pociones no se parecen a las anteriores. Que no todo se construye con lo mismo. Que hay etapas en las que toca recolectar, no producir.
En ese momento no le di demasiada importancia. Me pareció una conversación interesante, poco más. Pero con el tiempo esa idea se quedó conmigo. Volvía una y otra vez, sobre todo en los momentos en los que me sentía bloqueado o perdido. Y poco a poco empezó a tener sentido.
No había perdido el rumbo porque no supiera hacia dónde ir. Había perdido el timón porque estaba intentando seguir creando desde un sitio que ya no tenía los ingredientes adecuados. Y eso no se arregla apretando más, sino parando, entendiendo qué falta y permitiéndote buscarlo.
Si estás en una etapa parecida, en la que sientes que has cumplido objetivos pero no terminas de saber qué viene después, no estás roto ni has perdido el rumbo. A veces lo único que ocurre es que el tipo de cosas que sabes crear ya no encajan con los ingredientes que tienes ahora. Y forzar ese encaje suele generar más frustración que avance.
Entender la vida como un proceso de alquimia ayuda a quitarse presión. No siempre estamos en fase de producir, construir o demostrar. Hay etapas en las que toca observar, experimentar, equivocarse y, sobre todo, volver a recolectar ingredientes. Ideas nuevas, perspectivas distintas, conversaciones incómodas, silencios necesarios. Todo eso también forma parte del proceso, aunque desde fuera parezca que no pasa nada.
El problema suele venir cuando intentamos seguir creando como antes sin aceptar que hemos cambiado. Cuando insistimos en elaborar la misma poción con ingredientes que ya no tenemos, o que ya no nos sirven. Ahí es donde aparece la sensación de ir a la deriva, de haber perdido el control, cuando en realidad lo que hemos perdido es la paciencia para entender la etapa en la que estamos.
Avanzar no siempre significa moverse rápido ni producir resultados visibles. A veces avanzar es aceptar que estás en una fase distinta del proceso alquímico. Que no toca construir, sino preparar. Que no toca decidir, sino entender. Y que incluso de esas etapas salen las bases de las mejores creaciones futuras.
Si algo he aprendido es que no se trata de volver a ser quien eras ni de forzarte a tener todas las respuestas. Se trata de confiar en que, con el tiempo, los ingredientes aparecen. Y cuando lo hacen, la destreza que creías haber perdido sigue ahí, esperando el momento adecuado para volver a crear.
A veces no estamos perdidos.
Simplemente estamos en una fase distinta del proceso.
Y entender eso cambia muchas cosas.