El día que decidí dejar mi trabajo “normal”

Sobre tomar una decisión sin garantías y aprender por el camino

s4vitar

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23 de enero de 2026 · 3 min de lectura

Durante una etapa de mi vida trabajé en el equipo de Telefónica a través de Airon. Fue una época muy buena. Aprendí muchísimo, hice muchas auditorías y estuve rodeado de gente muy competente. No me arrepiento en absoluto de haber pasado por ahí. Al contrario. Fue una experiencia muy enriquecedora tanto a nivel técnico como personal.

Pero mientras todo eso pasaba, había una voz dentro de mí que no terminaba de callarse.

Una voz que me decía ¿y si me dedico solo a crear contenido?, ¿y si pongo el cien por cien de mi tiempo en hacer lo que realmente me gusta?, ¿y si trabajo solo para mí sin tener que responder ante nadie más que yo mismo?

La idea daba vértigo. Mucho. No tenía ninguna garantía de que fuera a funcionar. De hecho, lo más probable era que no funcionase. Había mucha incertidumbre y muy pocas certezas.

Hasta que llegó un momento bastante claro. Uno de esos momentos de lucidez que no duran mucho pero que lo cambian todo. En ese momento tuve bastante claro que, si no lo hacía entonces, probablemente no lo haría nunca.

Siempre he sido bastante de lanzarme a las experiencias. Incluso cuando tengo más las de perder que las de ganar. Para mí todo son experiencias de las que aprender. Y siendo sincero, el riesgo siempre me ha atraído.

Cuando dejé mi trabajo y empecé a crear contenido de forma exclusiva, la realidad fue bastante más dura de lo que mucha gente imagina. Al principio los ingresos eran muy bajos. Pasar de un sueldo estable a algo mucho más incierto era, objetivamente, una locura. Por primera vez, empezaba a ser plenamente consciente de lo que significaba depender de mí mismo a nivel económico.

La gente cercana me lo decía sin rodeos. Que estaba loco. Que no lo hiciera. Que era una irresponsabilidad.

Y probablemente tenían razón desde fuera.

Pero había algo dentro de mí, una vocecita muy insistente, que me decía que confiara. Que siguiera. Que aguantara. No por optimismo ingenuo, sino porque insistir cuando cuesta suele llevarte a sitios a los que no llegas si te paras antes.

Con el tiempo llegaron resultados que jamás habría imaginado cuando empecé. No fue inmediato ni lineal. Pasé por meses muy malos, otros algo mejores y muchos en los que parecía que no pasaba nada. Pero ocurrió. Y ocurrió porque no dejé de estar ahí cuando todavía no había nada que celebrar.

Mirando atrás, no me arrepiento de ninguna de las decisiones que tomé. Ese salto me hizo crecer mucho. A nivel personal y profesional. Me obligó a aprender, a adaptarme y a confiar más en mí de lo que lo había hecho nunca.

A día de hoy tengo la suerte de poder decir que la decisión salió bien.

No cuento esto para decirle a nadie lo que tiene que hacer. Cada situación es distinta y cada riesgo se vive de una forma diferente. Lo cuento porque sé que hay mucha gente con esa misma vocecita dentro. Esa que te dice que por ahí. Que igual ese camino merece la pena aunque dé miedo.

Si no hubiera confiado en mí y en mi instinto, esta historia sería muy distinta. Y probablemente este post ni siquiera existiría.

No siempre hay garantías. No siempre hay seguridad. Pero a veces no elegir también es una elección. Y muchas veces la peor decisión es no escuchar eso que llevas tiempo intentando silenciar.

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