Cursos de ciberseguridad caros, humo barato

Cómo distinguir formación que vale lo que cuesta de la que solo vende promesas

s4vitar

s4vitar

7 de febrero de 2026 · 3 min de lectura

En ciberseguridad hay cursos que cuestan un pulmón. No es ninguna exageración. Programas de miles de euros que prometen convertirte en profesional, abrirte puertas laborales o darte un nivel avanzado en muy poco tiempo. El problema no es que existan cursos caros. El problema es que muchos de ellos, una vez los terminas, te dejan prácticamente en el mismo sitio del que partías.

Y esto no lo digo desde fuera. Lo digo porque lo he visto, lo he vivido y lo he escuchado demasiadas veces de gente que llega frustrada después de haber invertido una cantidad importante de dinero. Personas que han pasado meses siguiendo clases, completando módulos y haciendo ejercicios, para descubrir al final que fuera de ese entorno guiado no saben enfrentarse a nada nuevo.

La sensación suele ser la misma. Has visto muchas cosas, has tocado muchos conceptos, pero no has aprendido a pensar. Has seguido instrucciones, has repetido pasos, has ejecutado comandos que ya estaban escritos. Cuando desaparece el guion, desaparece también la seguridad.

Ahí es donde empieza a verse el problema real de mucha formación en este sector.

Muchos cursos no enseñan ciberseguridad. Enseñan recetas. Te dicen qué hacer, pero no por qué hacerlo. Te llevan de la mano de principio a fin sin dejar espacio al error, a la duda o a la investigación. Todo está demasiado masticado, demasiado limpio, demasiado cómodo. Eso hace que durante el curso te sientas productivo, pero cuando termina te das cuenta de que no has desarrollado criterio.

Y el criterio es lo único que de verdad importa en este campo.

El precio, por sí solo, no significa nada. Hay cursos caros que valen cada euro. Hay formaciones baratas que son excelentes. El coste no es el enemigo. El problema aparece cuando el valor real del contenido no está alineado con lo que se está cobrando. Pagar mucho por algo que no te deja base, ni autonomía, ni capacidad de enfrentarte a problemas nuevos, es tirar dinero y tiempo.

Por eso creo que es importante aprender a identificar si un curso merece la pena antes de apuntarse.

Lo primero es mirar quién está detrás. No el nombre del curso, no la landing bonita, no el vídeo promocional. La persona o el equipo que lo imparte. Qué trayectoria tiene, qué ha hecho fuera de ese curso, qué experiencia real arrastra. No hablo de títulos ni de currículums inflados, hablo de recorrido tangible.

Después, el contenido público. Qué comparte esa persona cuando no te está vendiendo nada. Artículos, vídeos, charlas, explicaciones abiertas. Ahí se nota rápido si alguien sabe de lo que habla o solo repite lo mismo que ya está en todas partes. La forma de explicar cuando no hay dinero de por medio dice mucho más que cualquier promesa comercial.

Otro punto clave es el tipo de aprendizaje que propone. Si todo consiste en seguir pasos exactos, copiar comandos o reproducir escenarios cerrados, es mala señal. Un buen curso debería ponerte incómodo. Debería obligarte a pensar, a equivocarte, a buscar información por tu cuenta. Debería dejarte solo ante el problema en algún momento.

La pregunta final siempre es la misma. Qué te llevas cuando se acaba. No qué certificado obtienes, no cuántas horas has invertido. Qué sabes hacer ahora que antes no sabías. Si eres capaz de enfrentarte a algo nuevo sin que nadie te diga exactamente por dónde empezar.

Aprender ciberseguridad lleva tiempo. No hay atajos reales. No hay cursos milagro. Una buena formación no te convierte en experto. Te da base, te da criterio, te da dirección. Todo lo demás lo construyes tú con práctica, constancia y muchas horas de frustración.

Pagar caro no es un problema si el contenido lo vale. Pagar caro por humo sí lo es. Y aprender a distinguir una cosa de la otra es casi tan importante como aprender ciberseguridad en sí misma.

·0 comentarios

Comentarios

Inicia sesion para dejar un comentario

Aun no hay comentarios. Se el primero.