Cuando el ruido empieza a estorbar
Una reflexión sobre el ruido, la prisa y la necesidad de escribir con calma
s4vitar
20 de enero de 2026 · 2 min de lectura
No sé muy bien cuándo empezó exactamente. No hubo un momento claro ni una decisión consciente. Simplemente pasó.
Durante bastante tiempo, plataformas como Twitter, ahora X, fueron sitios donde escribir algo tenía sentido. Podías lanzar una idea, leer otras, equivocarte incluso. Con el tiempo, eso se fue torciendo. No de golpe. Poco a poco. Hasta que un día te das cuenta de que da igual lo que digas, siempre hay alguien esperando para saltar. A corregirte. A atacarte. A malinterpretar lo mínimo.
No creo que todo el mundo se haya vuelto tóxico de repente. Aunque a veces lo parezca. Creo más bien que el ambiente empuja en esa dirección. Todo está montado para reaccionar rápido, para ir fuerte, para posicionarte ya. El matiz estorba. La duda molesta. Si no estás completamente seguro de lo que dices, mejor no decir nada.
Y claro, a eso se le suma la prisa. Escribes algo y casi antes de publicarlo ya estás pensando en cómo se va a leer mal. En qué parte se va a sacar de contexto. En qué comentario va a llegar primero. En ese punto, escribir deja de ser algo que te ordena la cabeza y empieza a sentirse como una especie de defensa constante.
Recuerdo más de una noche escribir algo, releerlo al día siguiente y borrarlo sin más. No porque estuviera mal, sino porque no me apetecía lidiar con lo que venía después. Y supongo que ahí ya hay una señal bastante clara de que algo no encaja.
Esto empezó a pesarme hace tiempo. No por falta de ideas, sino por cansancio. Cansancio del clima general. De la sensación de que todo acaba convirtiéndose en una pelea, aunque no lo busques.
La idea de escribir aquí, curiosamente, no nace de una gran reflexión ni de un plan muy pensado. Sale de una conversación reciente con un compañero () al que he conocido hace poco. Un tipo muy bueno en temas de inversión, con el que he podido hablar con calma, sin ruido, sin tener que demostrar nada. En un momento dado me mencionó Substack. No como algo especial, simplemente como un sitio distinto.
Y me quedé pensando en eso más de lo que esperaba.
No porque esta plataforma sea mejor que otras, ni porque aquí vaya a pasar algo mágico. Simplemente porque el formato es otro. Aquí no siento la necesidad de ir a la yugular, ni de resumir todo en una frase afilada, ni de elegir siempre el ángulo más contundente. Aquí puedo escribir más despacio. Pensar mientras escribo. Incluso dudar.
Este espacio nace un poco de ahí. De aceptar que no todos los formatos sirven para lo mismo. Y de asumir que, al menos ahora, necesito un sitio donde escribir no implique estar a la defensiva todo el tiempo.
Igual tú también notas algo parecido. O igual no, y solo te apetece leer algo sin que te empuje a reaccionar inmediatamente. En cualquier caso, esto va de bajar un poco el volumen. Y ver qué pasa cuando el ruido deja de ocupar tanto sitio.